El Paseo en la Canoa, Noa
January 23, 2010
lahispanadehoy
Por Mayra Cárdenas-Leija
Dice una frase que “recordar es volver a vivir”, sinceramente así lo creo.
Cuando mi esposo me convenció de comprar una canoa, no sabía en que aventura me estaba encausando.
No es lo mismo recordar haber tenido una cuando era niña, que tener una de adulto.
Saben, la canoa que mi papá había comprado a unos amigos, era pequeña pero suficientemente grande para acomodar a dos adultos pero no a 4 chamacos más. Era inflable, tenía una bomba de forma de pelota a la mitad que empujaba el aire hacia adentro de la canoa. La odisea de inflarla tomaba cerca de 3 horas o al menos eso es lo que así me parecía.
Mi papá comenzaba a abanicar la pierna sólo para ser relevado por mi abuelo. Sí, mi atlético abuelo que se despertaba a las cinco de la mañana a hacer bicicleta fija todos los días. Cómo olvidar el diario rechinido que me despertaba antes de tiempo para ir a la escuela. El mismo abuelo le daba la mano digo la pierna a mi papá, para ser relevado después por mi hermano mayor, después mi segundo hermano y luego casi nada por mí. Ji, ji la ventaja de ser la tercera!
La carne asada se ponía a cocer en el asador. Mientras tanto todos los chiquillos curioseábamos “by the rivers of Río Ramos” por las orillas del Río Ramos. Conocíamos más niños con quién jugar. Se dejaban ver los oriundos de allí. Sentados tomando cervezas y escuchando a todo volumen a Ramón Ayala. -!Fuera de aqui chiquillos curiosos!- Salíamos coriendo, Ji,ji,ji, córrele rápido!
No podían faltar los novios cuyas miradas nos fulminaban para que desapareciéramos al instante y nosotros nos hacíamos los ciegos y luego nos metíamos los dedos a la boca fingiendo vomitar.
Cuando regresábamos, mi papá y mi abuelo empezaban a subirse a la canoa. La emoción nos invadía y así agazapados arriba de la canoa, unos adelante y otros atrás nos trepábamos arriba de ellos. Los adultos remaban y nosotros nos empanicábamos porque no queríamos caernos al agua. Pensábamos que venía el “tiburón” y nos iba a comer …tan, tan, tan, tan, tararaaa! Ay que tiempos aquellos!
Hoy, tener nuestra canoa no nos toma tiempo para infarla, pero si para subirla al techo del carro y amarrarla apropiadamente. Quiero decir correctamente, exactamente, precisamente y perfectamente, de acuerdo a palabras de mi esposo.
La canoa promovió a mi esposo de simple programador a experto en nudos. Dice que los Scouts le hacen los mandados. Y yo le creo.
Nos toma a los 3 grandes de la casa subir la canoa al techo del carro, los pujidos que salen de tanto esfuerzo podrian sacar bebes a punto de nacer y otras cosas más.
Ja,ja,ja.
Una vez en el agua el tremendo problema es ponernos de acuerdo para saber hacia dónde rema quién. Las primeras veces terminábamos haciendo unos grandes círculos bajo el asombro de los transéuntes. No recuerdo haber girado en círculos cuando mi papá y mi abuelo nos llevaban a pasear? Ah! Sí! Ellos se coordinaban, sabian trabajar en equipo, nosotros todavía estamos aprendiendo.
Qué maravilla es pasear en la canoa, noa, noa, noa, noa, noa ,noa, noa, noa, noa,noa, vamos a remar! (Se acuerdan de la cancion de Juan Gabriel, la del Noa, noa?).
Gracias Señor por momentos tan agradables! Gracias Familia por tantas carcajadas!
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